A los 94 años de edad, muchos se imaginan que sólo deberían descansar, tener una vida tranquila y sin grandes actividades. Pero para la evangelista Mickie Winborn la realidad es muy diferente. En esa época de la vida, ella no sólo lidera un ministerio en los Estados Unidos, como recientemente publicó un libro con el objetivo de ayudar a otras personas.

El libro se llama “Entrando en lo Sobrenatural” y relata experiencias de Winborn como evangelista, durante sus viajes a varias regiones del mundo.

Ella dijo que vio numerosos casos de milagros en más de 75 años de trabajo para el Reino de Dios.  “Lo vi hacer milagros increíbles, algunos de ellos son realmente de aliento.  Personas levantándose de las sillas de ruedas y pasando a caminar. Vimos muchas extremidades alargadas, brazos alargados”, dijo, de acuerdo a la información de CBN News.

Winborn cuenta que ella misma necesitó aprender con Dios algunas cosas sobre la existencia de milagros, por ejemplo, cuando tuvo que enfrentarse a un cáncer terminal en su ovario, con apenas 30 años de edad.

Su mayor lección fue entender que la falta de perdón es un pecado que desagrada al Señor, pudiendo impedir que Él responda sus oraciones.

“Yo estaba totalmente inconsciente de estar en aquel pecado. Yo era cristiana”, dijo.  “En realidad, me estaba convirtiendo en una líder cristiana. Pero el Señor es fiel y el Espíritu Santo también me dijo cómo orar y que era orar por misericordia”, explica Winborn, destacando que la falta de milagros muchas veces es por tres razones específicas, algo que ella puede ver en la práctica.

“Mi experiencia mostró tres razones: miedo, incredulidad y falta de perdón. El principal es la falta de perdón, y Dios dice que Él nos perdonó tanto, entonces necesitamos perdonar a los demás. Si queremos que nuestras oraciones sean atendidas, debemos perdonar”, dice ella.

La evangelista explica que la respuesta de Dios es una consecuencia de nuestra obediencia a Él. Si caminamos según su voluntad, no tenemos por qué temer. Nuestro deber es clamar y pedir misericordia, seguros de que el Señor tiene el control de la situación.

“La Palabra de Dios dice que sus misericordias se renuevan cada mañana, y cualquiera que necesite cura y no sepa orar, sólo ore: Necesito misericordia Señor, ten piedad de mí “, concluye Winborn.

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 La Palabra Milagro en (hebreo es ôth, "signo", "muestra", "augurio"; môƒêth, "señal", "prodigio"; pele, "maravilla") En  griego es (dúnamis, "poder"; seméion, "señal").

 

La palabra española proviene de lat. miraculum, "un objeto para maravillarse", "una maravilla [algo maravilloso, una cosa extraña, algo admirable]" (del verbo mirari, "maravillarse [asombrarse, sorprenderse]"). Intervención sobrenatural en los asuntos humanos que no se puede explicar sobre la base de las leyes naturales conocidas, o algo que no se esperaría en el transcurso natural de los eventos. Un examen de los milagros realizados por nuestro Señor clarifica su naturaleza y propósito. Jesús nunca ejerció su poder divino para beneficio propio o meramente para satisfacer la curiosidad ociosa (cƒ Mt. 16:4; Lc. 23:8, 9). Cada uno parece responder a una necesidad material o física específica. Aseguraba a quien los recibía, y a los observadores, el amor, la simpatía y el interés de su Padre celestial, su deseo y capacidad para solucionar sus problemas espirituales (Mr. 2:9-11; Jn. 6:11, 12, 27; 9:5-7, 39, 41; 11:23-26, 37, 44), y, al mismo tiempo, inspirar fe en él como el Hijo de Dios (Jn. 11:27, 45; 15:24). Una y otra vez Jesús señaló sus "obras" como evidencia de ser el Mesías y de su autoridad divina (Mt. 11:20-23; Jn. 5:36; 10:24, 25, 32, 37, 38; 14:10, 11), y los hombres sinceros de corazón reconocieron a la divinidad en operación en él y por medio de él (Lc. 9:43; 19:37; 24:19; Jn. 3:2; 6:14; 9:16, 33). De quienes los recibían, Jesús demandaba fe (Mt. 17:20; Mr. 9:23, 24; Jn. 4:48, 49), cooperación activa (Mt. 17:27; Jn. 9:7), disposición para poner de allí en adelante su vida en armonía con los principios del reino de los cielos (Jn. 5:14), y aceptación de la obligación de hablar a otros del amor y del poder de Dios (Mr. 5:19). De los 35 milagros que se han registrado de Jesús, 23 fueron sanamientos, en 3 resucitó muertos, en 3 proveyó alimentos o bebida y en 2 realizó grandes capturas de peces; los otros 4 fueron: calmar la tormenta, caminar sobre el agua, secar la higuera estéril y proporcionar dinero para el impuesto. El poder de obrar milagros es un don del Espíritu Santo (1 Co. 12:4, 10, 28), que ningún ser humano puede apropiárselo o asumir para sí (Hch. 8:18-22). Jesús prometió a sus discípulos que harían "obras mayores" que las que le vieron hacer a él (Jn. 14:12; no en poder o valor, sino en extensión y cantidad). La comisión evangélica contenía la promesa del poder de obrar milagros (Mr. 16:16-18; 1 Co. 12:10), y no hay evidencias de una limitación del tiempo para el uso de ese poder. El mismo poder divino de los días del NT está disponible hoy cuando hace falta, pero deben satisfacerse las mismas condiciones, tanto por quien los recibe como por el agente humano que opera. Satanás también tiene poder de hacer milagros muy parecidos a los verdaderos (Ex. 7:11, 22; 8:7, 18; Hch. 8:9-11; 2 Ts. 2:9; Ap. 13:14; 19:20). Si Satanás tiene poder para producir enfermedades físicas en los hombres (Lc. 13:16), también a veces puede liberarlos si se adecua a sus propósitos. En consonancia, el cristiano alerta no caerá presa de engaños satánicos, sino atenderá a la instrucción de probar "los espíritus si son de Dios" (1 Jn. 4:1).