2 Pedro 1:19-21 Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

1) La Profecía es la palabra de Dios, que interpreta, inspira y permiten entender los tiempos. Y es muy necesaria para el pueblo. "Proverbios 29:18  Sin profecía el pueblo se desenfrena".

 

2) Dios También promete una bendición especial para aquellos que estudian la profecía.

Apocalipsis 1:3 Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca".

Apocalipsis 22:7 !!He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

 

3) Toda profecía está relacionada con Jesucristo y su obra de redención, y lo exalta.  Apocalipsis 19:10 Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.

 

4) Apocalipsis 22:18-19 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

 

5) 1 Corintios 14:22 Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.

 

6) 1 Tesalonicenses 5:20 No menospreciéis las profecías.

 

 Razones de por qué los cristianos debemos estudiar las profecías bíblicas:

1.La falta por no estudiar ni exponer las profecías bíblicas conlleva a una interpretación errónea,

2. Debemos hacerlo porque Dios nos invita, nos desafía a que lo hagamos

3. El estudio de las profecías es inspiración y advertencia

4. Hay promesas para quienes estudian las profecías

5. Debemos estudiarlas, porque es un tema que ha sido descuidado

6. Su estudio produce los mejores cristianos

7. El cristiano que estudia las profecías se fortalece en la fe

1. Debemos hacerlo porque Dios nos invita, nos desafía para que lo hagamos:

“Así dice Jehová, el Santo de Israel, y su Formador: Preguntadme de las cosas por venir; mandadme acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos” (Isaias. 45:11). Dios nos desafía diciendo: “Pregúntenme si quieren saber el futuro. Si desean saber qué les depara el porvenir. Averigüen que le espera a mis hijos y qué será de mis obras”.

Dios desea que le consultemos. ¡No quiere que recurramos a los metodos modernos que se ofrecen a revelarnos las cosas ocultas! Muchos “Gente” dependen del horóscopo, de las gitanas y los adivinos, y no toman en cuenta para nada las profecías de la Biblia. ¡Y pensar que las profecías en la Palabra de Dios siempre se cumplen con toda exactitud!

¿Sabía usted que todo cuanto Dios se propone hacer ya está registrado en su Palabra, la Biblia? Él no precisa de “un plan alternativo”, porque nada le toma por sorpresa. Es el diseñador del universo, del hombre y de la Biblia, la que inspiró. Sin embargo, desea que conozcamos sus planes y que este conocimiento nos sirva de inspiración para confiar en todas sus promesas. “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos. 3:7).

Es verdad que en la Biblia hay algunas cosas que ningún hombre puede entender. Pero esto, lejos de desanimarnos, debe animarnos. Lo que significa, es que el Dios verdadero es tan grandioso y maravilloso que es imposible comprender todo acerca de su Persona: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio. 29:29).

Como cristianos no debemos preocuparnos por las cosas que no entendemos. Si Dios permite que algunas estén veladas a nuestra comprensión, seguramente es por nuestro bien: “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?” (Jeremias. 12:1).

A pesar de nuestras limitaciones, Dios nos invita a que estudiemos su Palabra para saber qué nos depara el futuro. Los cristianos que no estudian las profecías bíblicas pierden mucho, más de lo que suponen. El hecho de que haya cosas que parecen inexplicables no debe desanimarnos, sino más bien debe ser un desafío que debemos aceptar y aprovechar. ¡Debemos estudiar las profecías porque Dios nos invita a hacerlo! 

• ¿Quiere saber lo que dice la Biblia en cuanto al futuro de la Iglesia?

• ¿Cuántos son los juicios futuros y quiénes serán juzgados?

• ¿Le gustaría saber cómo, cuándo y de qué forma terminarán los gobiernos humanos?

• ¿Desea estar seguro de que verdaderamente habrá un gobierno mundial?

• ¿Anhela saber cómo terminarán las dos iglesias: la de Cristo y la del Anticristo, que hoy se está estructurando ante nuestros ojos?

• ¿Le interesa conocer cómo concluirá el candente problema en el Medio Oriente?

La respuesta a todas estas preguntas se encuentran en las profecías de la Biblia, pero sino las estudia, si rechaza la invitación divina para que lo haga, se está privando de un conocimiento muy necesario en nuestros días.

2. Estudiar las profecías nos libra de cometer muchos errores

Uno de los principios que debemos aplicar cuando estudiamos las profecías, es evitar por todos los medios sacar conclusiones, al tomar un solo texto fuera de su contexto. Hay algunos ejemplos bíblicos que ilustran bien este principio. Se trata de un asunto tan serio, que la herejía de que “Nadie puede estar seguro de su salvación... ”, tiene mucho que ver con el desconocimiento de las profecías, y de manera especial, de tomar un texto sin considerar el contexto.

3. El estudio de las profecías es inspiración y advertencia

Algunos cristianos que no creen en el arrebatamiento, suelen decir: “Todo ese cuento ya lo escuché hace muchos años, pero aunque decían que el Señor iba a venir en cualquier momento, todavía no ha ocurrido tal cosa.

¡Qué absurdo! ¿Sabía usted que todas las generaciones que nos han antecedido esperaban que el Señor regresara en cualquier momento? Puesto que “el día y la hora nadie sabe”, ya desde los primeros días de la iglesia, los apóstoles creían que ellos mismos no iban a morir, sino que el Señor se los llevaría. Al no ocurrir el rapto comenzaron a desanimarse y pensaban que los cristianos que se iban muriendo, perdían las bendiciones del cielo. En respuesta a esta inquietud, Pablo le escribió así a los hermanos de Corintio: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios. 5:1-10).

La presencia del Señor Jesucristo en el momento del arrebatamiento ha servido de estímulo para los cristianos desde el mismo momento en que ascendió al cielo sobre el monte de los Olivos, y seguirá siéndolo hasta el instante en que atraiga a los suyos a su presencia. Así que no se trata de 40 años, sino que desde hace casi mas de 2.000 aõs, los cristianos han estado “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo).

A pesar de todo la doctrina del rapto conserva toda su fuerza y es la esperanza de todos los cristianos verdaderos. Es más, hoy la creencia es mucho más fuerte, más real, porque ahora, gracias al tiempo transcurrido, la iglesia de este siglo ha podido ver el cumplimiento de muchas profecías que precederán este acontecimiento. Una buena parte de estos eventos son ya parte de la historia.

Tome por ejemplo la refundación de la nación de Israel ocurrida en 1948. El caso de la degeneración de tantos cristianos que están corrompiendo en forma sistemática las doctrinas bíblicas. El movimiento ecuménico que no es otra cosa que el umbral de la iglesia del Anticristo. Todos los habitantes del mundo esperan a un salvador. Los cristianos aguardamos al Señor Jesucristo. Los demás - así se llamen cristianos o no - recibirán al Anticristo, porque de una u otra forma todos esperamos. Los cristianos aguardamos ser arrebatados en las alturas por el mismo Salvador, mientras que la esperanza de los demás es instaurar el reino “mesiánico” aquí en la tierra. Debido a esto tenemos tantos defensores de la “madre tierra”. Aunque coincidimos con los esfuerzos de los ambientalistas, que tratan de que no se destruya ni se contamine más el planeta, no debemos engañarnos, la Biblia dice que la tierra está destinada para el fuego, así nos guste o no. “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro. 3:10).

Los primeros cristianos se animaban unos a otros con la esperanza del arrebatamiento. Note lo que dice el apóstol y cómo les recomienda que recurran a esta doctrina como estímulo, a fin de permanecer fieles al Señor. En aquellos días no era fácil ser cristiano, especialmente un cristiano proselitista - es decir ese cristiano que no permanece en silencio sino que se mantiene activo ganando a otros para Cristo. Pablo les dijo: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses. 4:16-18).

Los cristianos tenemos el mayor motivo para vivir sabiendo que lo mejor que tendremos es todavía cosa del futuro. Si un cristiano muere, sabe que partirá para estar con el Señor, pero si está vivo en el momento en que tenga lugar el arrebatamiento, será trasladado al cielo para no sufrir los azotes de la gran tribulación. Por eso el apóstol le dijo a los creyentes allá en Tesalónica que tuvieran presentes en sus mentes la realidad del arrebatamiento para animarse unos a otros.

Pero el retorno del Señor no será un momento glorioso para los no salvos, porque ellos serán juzgados y condenados. Piense por un instante en los días de Noé. Dios le anticipó que se avecinaba un juicio y que acabaría con toda la raza humana. Noé tomó en serio la advertencia divina y siguió el plan provisto por el Señor para su salvación. Diligentemente se dispuso a construir el arca en la cual se salvó junto con su familia. A pesar de ser una minoría insignificante, fueron los únicos que se salvaron. Lo mismo se puede decir de Lot en Sodoma y Gomorra. Los habitantes de estas ciudades fueron advertidos de que iban a ser destruidos con fuego y azufre, pero a excepción de Lot y su familia, nadie más prestó atención a esta advertencia. ¿Cómo obró Dios? Primero colocó en un lugar seguro a Noé y a Lot, junto con sus familias respectivas. Luego continuó con su plan, tal como se lo había revelado a sus mensajeros.

Dios nos está diciendo hoy, que se avecinan los terribles días de la tribulación, pero al mismo tiempo ya proveyó un lugar seguro de Refugio para quienes toman en serio su Palabra y esperan en Él. Después de muchos siglos de lo ocurrido en el diluvio y en Sodoma y Gomorra, el apóstol Pedro dice: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2:4-9).

Existen sobradas razones para que los cristianos falsos y esos abiertamente incrédulos nieguen el arrebatamiento. Están seguros de que su misión es construir un mundo mejor y más humano, así reza el lema de quienes promueven la hermandad mundial. Son muchos los “cristianos” que creen que tienen la responsabilidad de preparar el medio, el mundo, para que el Señor pueda retornar y reinar. Están convencidos que deben edificar el trono para Él allá en Jerusalén y que serán ellos quienes determinarán cuándo regresará. Pero dice la Escritura: “Por su maldad será lanzado el impío; mas el justo en su muerte tiene esperanza” (Proberbios 14:32).

Los cristianos que hemos depositado toda nuestra fe, nuestra esperanza en las promesas divinas, no debemos desesperarnos ni preocuparnos. Aun en el caso que la muerte nos sorprenda antes del arrebatamiento, sabemos qué será lo que sucederá cuando llegue el glorioso día en que el Señor recoja a los suyos. La Biblia dice: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesaloniceneses 4:16,17).  Los muertos recibirán un cuerpo glorificado y los vivos serán transformados y todos juntos nos iremos a la presencia del Salvador, a encontrarnos con Él en algún lugar en el espacio. ¡Vale la pena estudiar las profecías! Por esta razón el apóstol Pablo dice: “No menospreciéis las profecías” (1 Tesalonicences 5:20).

¿Cuál es su esperanza, mi estimado amigo? Los cristianos esperamos el cielo, estar reunidos con todos los redimidos en la presencia del Salvador. Todo cristiano verdadero toma muy en serio Tito 2:11-13, que dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo”.

Será todo lo contrario con esos que no son salvos, porque no están “aguardando la esperanza bienaventurada”, sino “la ira venidera” - la gran tribulación. Porque Dios entonces derramará su ira sobre toda la raza humana que se burló de Él y de sus hijos y practicó los peores pecados. “Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesaloniceneses. 1:9,10).

Al escuchar y leer las noticias diarias nos damos cuenta que estamos amenazados por todas partes. No existe un solo lugar en nuestro planeta que pueda considerarse seguro. Para quienes estudiamos las profecías esto, por cruel que pueda parecer, es un motivo de estímulo, porque la Biblia nos dice que así será el mundo exactamente antes del momento del arrebatamiento. El Señor Jesucristo dijo: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores. Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mateo. 24:7-11).

¿Acaso necesitamos explicar esto? ¿No es lo que vemos y oímos a diario, tanto en el campo cristiano como en el secular? Y conste, esto es apenas “el principio de dolores”. Como la Iglesia aún no ha partido, el Señor todavía no ha derramado sus juicios sobre el planeta.

4. Hay promesas para quienes estudian las profecías

Dice Apocalipsis 1:3: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. Esta declaración podríamos parafrasearla así: “Dichosos los cristianos que leen, escuchan y estudias las profecías de la Biblia, porque ellas nos permiten descubrir la proximidad del fin”.

Ahora debemos aclarar que es imposible que una persona pueda interpretar las Escrituras a menos que sea asistida por el Espíritu Santo. Hay muchos que han estudiado la Biblia y han entendido parte de ella, pero nunca han sido regenerados, no han experimentado el nuevo nacimiento. Aunque en cierta forma se convirtieron, hasta dejaron hábitos pecaminosos y adoptaron principios cristianos, cuando el conocimiento reemplaza al nuevo nacimiento, el resultado siempre es el alejamiento de la verdad y el endurecimiento del corazón.

 

Muchos estudiosos de la Biblia çomenzaron a interpretar la Biblia sin ser regenerados. Lo cual los llevo a el estudio crítico de la Biblia desde el punto de vista histórico, terminando por determinar que algunos pasajes bíblicos no eran auténticos o sólo lo eran en un sentido alegórico o simbólico.

Este tipo de “cristianismo” llegó muy pronto a las cátedras universitarias en donde fue muy bien recibido. Sabemos que es imposible que una persona pueda interpretar las Escrituras a menos que sea asistida por el Espíritu Santo. 

5. Debemos estudiar las profecías, porque es un tema que ha sido descuidado

Los estudiosos afirman que casi un tercio de la Biblia es profecía. Si es así, y aun el caso que fuera menos, ¿por qué vamos a ignorar toda esa porción de la Biblia? Gran parte de esas profecías están para cumplirse en nuestro día. ¡De que manera enriqueceríamos nuestras vidas si nos dedicáramos a estudiar seriamente las profecías!

Ni los políticos, ni los estrategas militares, ni los religiosos con gran poder y riqueza saben qué les depara el futuro. Sin embargo, cualquier cristiano verdadero, por pobre y humilde que sea, puede ver lo que los sabios y entendidos no perciben. Lo más triste es que en este grupo también están incluidos muchos cristianos, porque no estudian las profecías con detenimiento. Gran parte de la Biblia es profecía y el apóstol nos dice: “Toda la Escritura (incluyendo las profecías) es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17).

Estimado amigo, las palabras “No menospreciéis las profecías”, también son para nosotros. Evite caer en las herejías de los maestros ambulantes que viajan de un lugar a otro ofreciendo ese “otro evangelio” que apela a las emociones. No importa si no entendemos todo, Dios así lo dispuso, de que algunas cosas permanecieran veladas a nuestro conocimiento. No nos preocupemos o desesperemos por eso, porque son muchas las riquezas y bendiciones espirituales que encontramos en las profecías. ¡Los mejores días para el cristiano parecen estar en un futuro cercano!

6. El estudio de las profecías produce los mejores cristianos

El estudio de las profecías bíblicas nos estimula a vivir una vida espiritual saludable, rica y expectante. Note el consejo que le dio Pablo a los hermanos de Tesalónica: “Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18). “Estas palabras” a que se refirió Pablo, es la esperanza del regreso del Señor, la que constituye “El eslabón de oro en la cadena de las doctrinas bíblicas”.

Ningún otro estudio, como el de las profecías, urge más al cristiano a ganar a sus familiares y amigos para Cristo.  Al estudiar las profecías el incrédulo puede saber que muchos de los grandes eventos ocurridos en el pasado, fueron profecías que se cumplieron. Que todo lo que está ocurriendo en este mismo día, es parte del plan profético de Dios. Que un tirano despiadado, el Anticristo, tomará el control de este mundo, transformará la vida de todos en un infierno y que la mayoría de la población mundial morirá. Que durante ese tiempo habrá guerras, hambres, pestes y grandes manifestaciones cósmicas

La Palabra de Dios es un asunto muy serio, especialmente cuando queremos ahondar en el conocimiento bíblico, “... Dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (Hebreos 6:1).  Los cristianos deben conocer las verdades más profundas y no conformarse con el A, B, C, inicial de la Biblia.

Ningún otro estudio de la teología cristiana, aparte de las profecías, permite que el cristiano pueda comprender el papel de la nación de Israel, tal como lo conocemos hoy. Son muchos los predicadores de nuestro día quienes afirman que la existencia del Israel moderno, no tiene ningún significado profético. Es más, han introducido una de las herejías más destructoras, al afirmar que la nación de Israel perdió todas las bendiciones que le prometió Dios en el principio y que las mismas fueron transferidas a la Iglesia. ¡Qué error más destructivo! Para introducir esta herejía sólo necesitaron este versículo: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:16).

La sustitución de Israel por la Iglesia, ha servido para justificar la negligencia de no estudiar las profecías bíblicas, ya que no existe razón para ello. Si la Iglesia reemplazó a Israel, debemos olvidarnos de todo lo que tiene que ver con Israel, especialmente con las promesas, a pesar de que muchas están para cumplirse.

¿No se ha puesto a pensar en que los líderes judíos crucificaron a Jesús porque descuidaron el estudio de las profecías? No le prestaron atención a lo que habían dicho los profetas sobre el Mesías. En el Antiguo Testamento está muy clara la enseñanza de las dos venidas del Mesías: Una para morir y la otra para reinar. Lo mismo ocurre hoy con los cristianos. Muchos no creen en que Jesús vendrá dos veces: Primero para recoger a su Iglesia y después junto con su Iglesia para establecer su Reino milenial. Prácticamente, todos los que creen que la Iglesia ocupó el lugar de Israel, niegan el arrebatamiento de la Iglesia y es fácil descubrir por qué.

¿De qué otra manera podríamos entender mejor el conflicto actual entre Israel y sus vecinos árabes, sino por el estudio de las profecías? La Escritura habla claramente de nuestros días. Y lo que está ocurriendo en ese lugar del planeta es exactamente lo mismo que anticipó la Biblia. Si los políticos de las grandes naciones supieran esto, no dudo que ajustarían sus acuerdos en conformidad con lo que dice la Biblia.

Si lee con cuidado el capítulo 12 de Zacarías, notará que mucho de lo que se dice allí se ha cumplido hasta la fecha. Lo que falta aún por cumplirse ya se vislumbra en el horizonte. Dios dijo: “He aquí yo pongo a Jerusalén por copa que hará temblar a todos los pueblos de alrededor contra Judá, en el sitio contra Jerusalén. Y en aquel día yo pondré a Jerusalén por piedra pesada a todos los pueblos; todos los que se la cargaren serán despedazados, bien que todas las naciones de la tierra se juntarán contra ella” (Zac.arias 12:2,3).

Los cristianos que estudian las profecías saben que llegará el día cuando todos los ejércitos del mundo se congregarán en el Medio Oriente para acabar con Israel, pero el Señor intervendrá y los salvará. Dios dice: “Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén... Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla” (Zacarías 14:2,3). (Compare esto con Apocalipsis 19:11-21).

Nada de esto concierne a la Iglesia, porque cuando todo esto suceda, la Iglesia ya estará con el Salvador. Como ya dijera, vendrá con el Señor y todos veremos su gran victoria en esta guerra. El profeta dice: “... Y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos” (Zacarías. 14:5).

7. El cristiano que estudia las profecías se fortalece en la fe

El cristiano que estudia las profecías aprende a interpretar la Biblia correctamente, lo mismo que a relacionar las profecías con los eventos mundiales. . El que estudia las profecías también se da cuenta que ha habido un aumento sin precedentes en los crímenes, robos, asaltos, suicidios y que se cierne sobre nosotros la amenaza de una guerra. Pero todo esto fortalece la fe del cristiano que no desprecia las profecías. El cristiano bíblico sabe que el mundo no mejorará, sino que empeorará, porque así lo anticipa la Palabra profética. 

Una persona que desconoce la profecía podría preguntarse: “¿Qué tiene que ver el presidente de Estados Unidos con el Papa?”. Prácticamente todos los gobernantes lo visitan, como si se tratara de un jefe de estado, pero aunque no lo parezca es así. El Vaticano es un estado y el papa es su representante, algo así como su presidente. Por lo tanto, no debe extrañarnos que un presidente, a pesar de que diga que es cristiano, lo visite, porque aunque no lo haga como cristiano, sí como estadista.

Cuando estudiamos el libro de Apocalipsis, el cual es profético casi en su totalidad, encontramos que todo esto fue profetizado por Juan. Leemos: “Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; y en su frente un nombre escrito, un misterio: "BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (Ap. 17:1-5).

Este texto no es difícil de entender, lo que pasa es que la gran mayoría de los predicadores no quieren vincularlo con el Vaticano pese a que se ajusta en todos sus detalles. Se trata de una organización religiosa que pretende ser cristiana, sin serlo. Se le llama “la gran ramera” y con ella “han fornicado los reyes de la tierra”. Ningún líder de la Iglesia en el Nuevo Testamento, tuvo jamás trato con los monarcas del imperio ni con sus representantes. Si alguna vez estuvieron frente a algún gobernante de cierta jerarquía, fue como acusados por haber predicado el Evangelio.

Sin embargo, las profecías nos enseñan que en los postreros tiempos habrá muy pocos cristianos verdaderos. El estudioso de la Palabra profética no se alarma ante esta unión entre el mundo y la prostituta religiosa. Todo lo que está aconteciendo en la actualidad, incluyendo al movimiento ecuménico, es inevitable, porque es parte integral de la apostasía de los últimos tiempos que precederá el arrebatamiento de la Iglesia.

Podemos estar seguros que la decadencia moral y espiritual y el surgimiento de nuevos movimientos y filosofías, seguirá su curso. Si hoy es bien difícil encontrar una iglesia verdaderamente bíblica, cuando se produzca el arrebatamiento no quedará una sola. “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses. 2:7,8).

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